15 JUL 2014

En torno a la Virgen del Carmen

Tenemos todos los años la fiesta dedicada a la Virgen del Carmen, con dos celebraciones entrañables para nosotros. El día 16 en la parroquia de Es Cubells la misa de la fiesta seguida de procesión terrestre y el domingo siguiente a las 10h misa del domingo seguida de procesión marítima. Un día este último que es muy especial por el recorrido y la sencillez de la gente del mar para honrar a su patrona y pedir por los marineros y los difuntos.

En Es Cubells, la Virgen del Carmen es, además de  Patrona del pueblo, también de todas las gentes del mar. Esta Bendita Madre y Estrella del Mar nos ayuda a lo largo de la navegación por el océano de la vida y nos guía por las aguas difíciles hacia el puerto seguro, que es siempre la salvación que nos trae su Hijo Jesucristo.

Una madre no duda en acudir en socorro de un hijo cuando está en peligro. Como cuenta una breve historia, una madre y su hijo, de no más doce años, andaban por un sendero, al lado del río. El niño más inquieto, en uno de sus juegos, cayó al río. La madre, no lo dudó, se echó al río y rescató al hijo. Quizás, el hijo no hubiera echo lo mismo, habría salido corriendo en busca de ayuda. Pero una madre… ¿qué no haría una madre por un hijo si le ha dado la vida?

Por eso, esta devoción de siglos, en la imploramos la protección de la Virgen del Carmen, nos introduce en el misterio de nuestra vida, donde Ella siempre está ahí como una madre para acompañarnos y consolarnos en los momentos difíciles, para rescatarnos, para socorrermos

Ante Ella nos postramos poniéndonos devotamente su Santo Escapulario, signo de su maternidad y de la salvación divina.

Sí, con esa tela o manto pequeño recordamos que al igual que Jesús fue envuelto en pañales por la Virgen, también nosotros, sus hijos, queremos, como Jesús, ser cobijados por su manto, signo del amor y de la protección maternal de María. Y con el escapulario queremos manifestar nuestra pertenencia a la Virgen: llevamos un signo que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte para nosotros en el símbolo de nuestra consagración a María como nuestra Madre. Y consagración quiere decir pertenencia: “pertenecer a María” es entregarnos a Ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por su sabiduría y amor maternal y poder así llegar a la meta final de nuestra vida, el buen puerto de la vida eterna que es el encuentro definitivo con Jesús, nuestro Salvador. 

Por tanto, revestidos de ese “escudo de salvación”, aumentemos nuestra devoción y nuestro deseo por vivir santamente, propiciando así la renuncia al pecado, que es siempre lo que divide y rompe las familias, hundiendo a sus miembros en la más completa soledad y desamparo. Dejémonos seducir por el ejemplo de la Virgen Santísima, que siempre llevó a Jesús en el corazón, de la misma forma que lo engendró en su cuerpo. Y acojamos el escapulario como signo del amor que nos envuelve, como hermanos de Jesús e hijos de María.

Que Nuestra Señora del Carmen siga protegiendo a nuestra comunidad y a nuestro pueblo. Y que su devoción sea para nosotros un faro que nos ilumine para que —como dice el apóstol Pedro del propio Jesús—: pasemos por el mundo “haciendo el bien”. Y el bien más inmediato que podemos hacer es transmitir esta misma devoción a nuestros hijos, como nosotros la recibimos de nuestros padres.

Enseñémosles, como exhortaba San Bernardo: “Mira la Estrella, invoca a María” para que puedan ir por la vida —sobre todo los jóvenes—, con la fe de que en manos de María, estamos cerca de Jesús y no hay más alegría y seguridad que sentirnos parte de esta familia en la que Dios se nos ha hecho presente.

Hermanos, embarquémonos con María, sin temor, en la travesía de la vida; y para los que nos acogemos a su santo escapulario, por sus ruegos, el Señor derrame su bendición sobre todos nosotros. Así le suplicamos:

Sálve, Estrella de los mares.

Llegue hasta ti nuestro clamor,

y por ti, llegue hasta las puertas del cielo.