Con motivo del día del Corpus, me gustaría compartir una reflexión sobre la vivencia cristiana en torno a la Eucaristía. Estos domingos, muchas personas se han acercado a las parroquias con motivo de la celebración de la Primera Comunión de un familiar, o por acompañar a sus hijos que estaban invitados, o simplemente porque les gusta contemplar la celebración de las primeras comuniones.
En este domingo, vuelve a celebrarse con fiesta la Eucaristia ya que contemplamos a Jesús en la Sagrada Forma. Muchos niños y niñas se acercan otra vez con sus trajes de fiesta a la misa y al desfile procesional del Corpus Christi.
Seguramente, todos tenemos recuerdos de cómo hemos celebrado esta fiesta cuando éramos pequeños y de qué manera ha cambiado la forma de celebrarse ahora. Lo esencial no debe perderse en lo accidental. Pueden haber cambiado las formas pero seguimos reconociendo a Jesús en la Eucaristía, y los cristianos no nos avergonzamos de pasearlo por las calles de nuestros pueblos y ciudades. Quizás han cambiado los signos externos, pero nuestro amor por Jesús eucaristía no puede hacer otra cosa que aumentar.
Tenemos pues la ocasión de redescubrir la importancia de unirnos a Jesús cuando participamos en la misa dominical, cuando nos acercamos a la Iglesia para la adoración eucarística o para rezar un momento ante el sagrario, cuando optamos por no ocultar nuestra opción por Jesucristo en nuesta vida cotidiana.
Nuestros niños y niñas tienen que quedar impresionados, no por lo exterior que adorna la fiesta sino por el mensaje de Amor que supone celebrar la Eucaristía y sentirse unidos a Jesús. Si así se lo enseñamos y captan el sentido más profundo de esta fiesta, podremos sacar nuestras mejores galas y ornamentar los balcones y calles por donde transcurra la procesión. Así sabremos dónde encontrar a Jesús, en aquellos que nos miren con indiferencia o desprecio y en los más débiles e indefensos de la sociedad por los que Caritas nos urge a compartir nuestros bienes.
Feliz día de Corpus.