09
ABR
2016

Tiempo pascual, tiempo lleno de oportunidad.



Estamos en el mejor tiempo del calendario litúrgico, la cincuentena pascual. Muchos días apropiados para celebrar, para compartir, para testimoniar, para amar intensamente, para acompañar, para mirar con optimismo el horizonte de la vida. La resurrección de Cristo nos urge al testimonio de esta Buena Noticia para todos aquellos con los que nos cruzamos en el camino de la vida.

Y no hay excusa, ni razón que impida ser testigos del amor misericordioso de Dios manifestado en la resurreción de Jesús. En estos días, participamos de la alegría de tantos cristianos que se acercan a celebrar la fe. En tantos bautizos, comuniones o matrimonios encontramos una ocasión propicia para festejar nuestra fe. Los sacramentos de la iniciación cristiana, que en tiempo de pascua se celebran con más frecuencia, hacen a los cristianos exteriorizar el deseo de unirse más a Dios y a la vez mostrar la disposición de querer compartirla con familia y amigos.

Los cristianos en estos días estamos llamados a mostrar, con nuestro testimonio de vida, la grandeza de nuestra fe. Pienso en las parejas que van a contraer matrimonio, los niños de la primera comunión, los jóvenes que se confirman o los niños presentados para el bautismo, que ofrecen a los ojos de nuestra sociedad la alegría de sentirse amado por Dios y acogido en la Iglesia. 

Es por eso, que en pascua tenemos la gran oportunidad de renovar nuestra fe, hacerla partícipe a todos los que conocemos y convertirnos en testigos de aquello que celebramos. Lo vamos a desaprovechar?


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